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lunes, 14 de marzo de 2016

Martha Nussbaum se despide de Hilary Putnam

Este blog lo suelo reservar para lo que es: narrar sesiones de filosofía con niños a partir de álbumes ilustrados (y últimamente otro tipo de estímulo también). Sin embargo ya van unas pocas excepciones. Ayer murió Hilary Putnam y hoy aparece un artículo en el Huffington Post de Estados Unidos de Martha Nussbaum, despidiéndose de él. He querido traducirlo y compartirlo, y hacer otra excepción. 

[Comparto la traducción al castellano del artículo de Martha Nusbaumm sobre Hilary Putnam aparecido en el Huffington Post. Que lo disfruten.]

14 de marzo, 2016. 

Huffington Post, Arts and Culture. Blog. 

Martha C. Nusbaumm

En defensa de la filosofía: recordando a Hilary Putnam


Wikipedia
La filosofía es hoy más bastante impopular en América. Dice Marco Rubio, con su característica falta de elegancia: “Necesitamos más soldadores y menos filósofos”. El Gobernador Pat McCrory de Carolina del Norte también señala la filosofía como una disciplina que ofrece “carreras inútiles” que no ofrecen “ninguna oportunidad de conseguir empleos para la gente”. En todo el país existe un entusiasmo sin freno por las disciplinas llamadas STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), que parecen tan rentables. Aunque todas las humanidades sufren desdén, la filosofía es la que atrae especial atención negativa, quizás porque además de parecer inútil, también parece vagamente subversiva, una amenaza a los sensatos valores tradicionales.
Éste no ha sido siempre el caso. A lo largo de su historia en Europa, la filosofía ha sido una y otra vez objeto de críticas por parte de las fuerzas de la tradición y de la autoridad. La fundación de América, sin embargo, fue diferente: los fundadores eran hombres de la Ilustración, impregnados de las ideas y de las obras de Rousseau, Montesquieu, Adam Smith y de los antiguos griegos y romanos, especialmente Cicerón y los estoicos romanos. Como hombres de la Ilustración, se enorgullecían de regirse por la razón y la argumentación en lugar de por la tradición no examinada. Su independencia intelectual y su pensamiento teórico fueron de gran utilidad a la hora de establecer una nueva nación. Hemos caminado mucho desde entonces, nos hemos alejado mucho de esas raíces, y no en la buena dirección.
El 13 de marzo, América perdió a uno de los más grandes filósofos jamás producido por esta nación. Hilary Putnam murió de cancer a la edad de 89 años. Aquellos de nosotros que tuvimos la suerte de conocer a Putnam como mentorados, colegas y amigos, recordamos su vida con una profunda gratitud y amor, ya que Hilary no fue solo un gran filósofo; fue también un ser humano de una generosidad extraordinaria, que realmente quería que las personas fueran ellas mismas, y no sus acólitos. Pero también es interesante, en medio de nuestro duelo, reflexionar acerca de la carrera de Hilary y lo que indica sobre lo que es la filosofía y lo que puede ofrecer a la humanidad. Porque Hilary era una persona de una brillantez sin igual, pero también estaba convencido de que la filosofía no era solo para individuos con un don especial. Como dos de sus filósofos favoritos, Sócrates y John Dewey (y, añadiría yo, como aquellos fundadores americanos), pensaba que la filosofía era para todos los seres humanos: un toque de atención para despertar la humanidad en todos nosotros.
Putnam fue un filósofo que abarcó una amplitud increíble. Como él mismo escribió: “Cualquier filosofía que pueda resumirse en pocas palabras, debe expresarse en esas pocas palabras." Y en su prolífica carrera, Putnam elaboró relatos detallados y creativos de las grandes cuestiones de un rango amplísimo de áreas de la filosofía. De hecho, no había habido ningún filósofo desde Aristóteles que hubiera realizado aportaciones creativas y fundacionales en todas las siguientes áreas: lógica, filosofía de las matemáticas, filosofía de la ciencia, metafísica, filosofía de la mente, ética, pensamiento político, filosofía de la economía y filosofía de la literatura.
Y Putnam añadió al menos dos áreas a esa lista, de las que Aristóteles no se ocupó, concretamente, filosofía del lenguaje y filosofía de la religión. (Filosofía de la religión porque era un judío religioso y entendía que el judaísmo requería una vida de crítica perpetua). En todas estas áreas, también, compartió con Aristóteles una profunda preocupación: que no se distorsionara la cuestión un tanto desordenada de la vida humana para hacerla encajar en las demandas de una teoría excesivamente simple. Lo que Putnam llamaba “todo ese alboroto de las acciones humanas” deben ser el contexto en el que la teoría filosófica hace su trabajo.
Ese compromiso lo llevó a oponerse a muchas modas de su tiempo: porque la filosofía es muy dada a modas simplificadoras y reductivas, desde el positivismo lógico a una moda posterior de modelación computacional de problemas filosóficos. Putnam conocía la física como prácticamente nadie más en el campo, y por eso también sabía que resultaba fatal reducir la filosofía a la física: la filosofía es una disciplina humanística. (Recuerdo un curso maravilloso y profundamente contracultural que dio en Harvard, en los días en los que el positivismo lógico estaba justo empezando a decaer, con el título “Conocimiento no-científico”. Cubría conocimiento ético, conocimiento estético y conocimiento religioso y Putnam mostró la locura de imaginar que el reduccionismo físico pudiera sustituir a esas asignaturas normativas). Su independencia de las modas también lo llevó a interesarse mucho por los antiguos griegos, esos que les parecían estúpidos a los positivistas pero que en realidad ¡tuvieron algunas ideas que no estaban mal! Aprendió griego antiguo para trabajar seriamente sobre Aristóteles y argumentó que Aristóteles tenía importantes ideas sobre la relación mente-cuerpo que los pensadores contemporáneos debían tomar en cuenta.
Al mismo tiempo, y de nuevo como Aristóteles, Putnam nunca cedió al irracionalismo, nunca adoptó una actitud escéptica o desdeñosa con respecto a la teorización filosófica porque, como subrayó, el intento de ordenar nuestro mundo mediante el trabajo de la razón es uno de los aspectos más profundos y más ubicuos en el alboroto de la vida humana. Creía que siempre tendemos no solo a la falta de orden y a la falta de atención, sino, peor, a la capitulación ante formas de autoridad y de presión y que el trabajo de la filosofía era necesario para contrarrestar estas tendencias dañinas.
La mayoría de los filósofos hablan mucho sobre seguir la argumentación, pero tarde o temprano caen en el dogmatismo, defendiendo una postura bien conocida a todo coste, sin importar qué argumentos nuevos puedan aparecer. Lo glorioso del modo de hacer filosofía de Putnam residía en su absoluta vulnerabilidad. Precisamente porque realmente seguía la argumentación a donde lo llevara, cambiaba de opinión con frecuencia, y el hecho de que el camino lo llevara a cambiar no era para él motivo de angustia sino un proceso profundamente delicioso, la evidencia de que era lo suficientemente humilde como para ser digno de su propia racionalidad. Una vez, a finales de los años 70, dio una clase de metafísica en Harvard con sus colegas Nelson Goodman y W. V. O. Quine. Los otros dos tenían posturas muy distintas a la de Putnam y argumentaban bien. Putnam empezó a emocionarse cada vez más por el debate – tanto que más de una vez desapareció de alguna reunión departamental para pasear por los pasillos con Goodman. Al final de ese cuatrimestre, en su Discurso Presidencial ante la American Philosophical Association expresó un elegante argumento contra sí mismo – un tanto en el espíritu de Goodman, aunque no exactamente.

Una vida regida por la razón siempre fue y es difícil. A todos nosotros, seamos ignorantes de la filosofía o profesores universitarios de filosofía, nos resulta más fácil seguir un dogma que pensar. Lo que la vida de Hilary Putnam ofrece a nuestra agitada nación es, me parece a mí, un noble paradigma de una voluntad permanente de someterse uno mismo a la crítica de la razón. Nuestro país, fundado por amantes de la argumentación, se ha convertido en el juguete de retóricos y animadores (personajes que Platón conocía pero que muy bien). En este día en el que hemos perdido a uno de los gigantes de nuestra nación, pensemos sobre esto. 
[Esto es una traducción del artículo aparecido en The Huffington Post el 14 de marzo de 2016. Traducción de Ellen Duthie.] 

domingo, 30 de agosto de 2015

Oliver Sacks: El fascinado fascinante

No suelo usar este blog para cosas que no sean narraciones de diálogos filosóficos con niños, pero con Oliver Sacks ya hice otra excepción

Hoy, seis meses después de su hermoso y estimulante artículo en el New York Times donde anunciaba su enfermedad terminal, Oliver Sacks ha muerto.

He leído la mayor parte de la obra publicada de Sacks y debo decir que me he topado con pocas personas tan contagiosas en su entusiasmo como él. Estaba tan fascinado que resultaba fascinante.

Este verano leí su autobiografía On the Move. A Life. Algunas personas inspiran hablando de lo que hacen y de por qué lo hacen, en lugar de tratar de decirle a los demás qué deben hacer. Oliver Sacks era una de ellas.

Me encanta su extraordinario talento para inspirar curiosidad y pasión por indagar a través del arte de contar historias. ¿No es eso lo que debe buscar la educación? No sólo inspirar a los niños, sino inspirarles para que inspiren a otros; hacerles conscientes de que su propia curiosidad y pasión tiene el poder de encender la pasión de compañeros, mayores y menores que ellos, y darles las herramientas y la oportunidad de narrar su curiosidad y pasión de manera que consigan justamente eso.

Me gusta la forma en que Sacks construye conexiones y celebra conexiones tangenciales, improbables, a veces aparentemente lunáticas. El gozo de conectar una idea con otra idea, nuestra experiencia con nuestras ideas, y con las ideas o experiencias de otros. La emoción de descubrir o inventar conexiones.

Leyendo prácticamente cualquier obra de Sacks, me veía en la desesperada necesidad de conseguir todos y cada uno de los libros o artículos que mencionaba, incluso libros sobre temas que desconocía por completo y en los que nunca antes había pensado. Y me preguntaba constantemente cómo era posible reunir más sentido en una sola vida.

Decía en aquel artículo en el que anunciaba que le quedaban pocos meses de vida: "Tengo que vivir de la manera más rica, profunda y productiva que pueda".  

Pero a diferencia de muchos, esta urgencia por vivir de forma rica y profunda no era un propósito de enmienda, sino un deseo de continuidad. Oliver Sacks se pasó los años ejemplificando el sentido de la vida de la que hoy se ha retirado con elegancia. Afortunadamente, gran parte de ese sentido permanece en sus libros.

Gracias.

Texto de Ellen Duthie. Cópialo o reprodúcelo, pero sé buena gente y ¡cita la fuente!

viernes, 27 de febrero de 2015

La crueldad: Filosofía de cuento en La Central. Febrero 2015.

El sábado pasado, 21 de febrero, tuvimos la segunda sesión de la segunda edición de los talleres de Filosofía de cuento en la librería La Central de Callao, con un grupo de 7 a 11 años.

Hoy ya nos conocíamos un poco así que tardamos menos en entrar en materia. Leímos y jugamos a Mundo cruel que nos permitió abordar la crueldad desde muchos puntos de vista distintos y tratar de empezar a construir nuestra propia definición de crueldad.  

Aquí va un resumen, con extractos de audio, de la segunda sesión.

Participantes (sentados en círculo, partiendo de mi izquierda):
Jakob
Elena
Jesús Rafael
Clara
Alejandra
Tomás
Nico
Matías
Nicolás
Inés
Amelia
Celia
Daniela (la ilustradora del libro)
y yo (Ellen)

Teníamos dos invitadas, Daniela Martagón, la ilustradora del libro Mundo cruel, con el que hablamos de la crueldad en esta sesión, y Sonia Ballesteros, de la Cadena SER, que vino a grabar la sesión para hacer un reportaje que se emitió el lunes 23 de febrero. Las presentamos y luego empezamos: 

Para Amelia era el primera día porque no pudo venir la pasada sesión. Se presentó y nos presentamos nosotros brevemente ante ella. Y contamos si habíamos hecho algo cruel o si alguien nos había hecho algo cruel a nosotros desde la última vez que nos vimos. 

La propia Amelia nos contó que ella sí había hecho algo cruel. Había pegado un pisotón a su madre. Para decidir si había sido cruel, nos pareció relevante preguntar si lo había hecho queriendo. "Medio medio", precisó Amelia. ¿Un poco cruel nada más entonces? 

Otra persona, cuyo nombre no desvelaremos para no comprometer a nadie, nos dijo que "odia a su abuela". Y entonces preguntamos si era cruel odiar a una abuela y específicamente, si nos parecía más cruel odiarla y no decir nada u odiarla y decírselo. Aquí hubo diversidad de opiniones. Tomás observó que los secretos pueden ser crueles. Jakob pensó en las consecuencias de decírle a una abuela: "te odio" y Elena contó una historia muy relevante sobre una decisión que habían tomado un grupo de amigas en el colegio de decírle a otra que era una pesada. La chica se puso a llorar. A veces es difícil medir qué es más cruel, si callar o hablar. Escúchanos aquí: 



Pasamos a recordar algunas de las preguntas de la primera sesión, para tratar de definir mejor qué es exactamente una pregunta filosófica: 

Elena recordó la pregunta: "¿qué es feo?". Preguntamos qué es feo, qué es bonito y cómo decidimos esto. Jakob dijo que una cosa fea sería un bebé con una joroba. Sería extraño. 
Inés recordó la pregunta sobre mentir. ¿Siempre está mal mentir? Jakob dijo que a veces hay que mentir mucho para esconder algo o proteger a alguien que quieres mucho. 
Matías recordó la pregunta sobre los robots. "¿Sabemos seguro seguro que nuestro mejor amigo no es un robot?"
Nico recordó una de las posibilidades que planteamos en la primera sesión: hacerle daño (darle una patada) y a ver qué pasa. Pero ¿y si el robot está programado para hacer una expresión de dolor, "ay, ay, ay" cuando se le pega? Elena sugirió la prueba de la sangre. Si es humano tiene que tener sangre; si es un robot, no. Pero ¿podría hacerse un robot con sangre - o ketchup, como propone Tomás- en su interior? "Pero se notaría la diferencia", se ha opinado. La sugerencia de Nico ha tenido que ver con la respiración. Jakob ha completado la idea: un robot no necesita respirar, es mecánico. 
Matías recordó otra: ¿Te mienten tus ojos? Repasamos los ejemplos donde a veces nos "mienten": en los sueños, en las alucinaciones, en el horizonte. 

Aquí tenéis el repaso:


Entonces tratamos de diferenciar una pregunta filosófica de una científica. Por lo general, las preguntas científicas se contestan con datos o con información (a veces cuesta mucho encontrar esos datos, pero es cuestión de buscar y luego de interpretar esos datos). Pusimos un ejemplo. Imaginemos que queremos saber a qué distancia está el Sol de la Tierra. ¿Cómo buscaríamos la respuesta?  
Primero, Nico dijo que dependía de a qué altura estábamos nosotros. Si estuviéramos debajo de una alcantarilla, estaríamos más lejos que si estuviéramos encima de un edificio. La distancia es relativa según dónde nos situemos. Pero si no lo supiéramos, ¿a quién preguntaríamos? Elena dijo que lo más fácil sería buscarlo en Internet. Otra sugerencia fue en un diccionario (en una enciclopedia, aclaramos). Y otras más "alguien que haya estudiado eso". Sería una cosa que podríamos buscar o preguntar a un experto. Entonces Nicolás hizo una pregunta estupenda: "Entonces, ¿youtube es un experto? ¿Internet es un experto? Matías ha contestado sin titubear: "pues claro que sí, lo sabe todo". Pero Nicolás tenía sus dudas: "¿pero quién ha hecho youtube?" 
Elena ha dicho que la forma en que piensa que funciona Internet es que la gente que sabe algo lo cuelga. Pero Nicolás insiste: "vete tu a saber quién a puesto eso. ¿Cómo sabemos si lo ha puesto una persona cualquiera o si lo ha puesto un científico?"
Nico piensa que puede que no esté siempre a la misma distancia del sol que de la tierra porque en verano hace más calor y en invieron hace más frío. 
Entonces aclaramos: si especificamos qué punto de la Tierra y qué punto del Sol y qué época del año, alguien que sepa, nos lo podrá decir. 
Amelia ha querido volver a la observación de Nicolás, y ha dicho que en Internet hay que mirar si lo que encuentras tiene sentido, "porque ahí te encuentras de todo". 
Hemos puesto un ejemplo. Yo me podría ir a casa y decidir que quiero subir a Internet una "información" que asegura que la distancia entre la Tierra y el Sol en realidad es 10 metros, pero que una ilusión óptica nos hace verlo más lejos. Haré una página muy "profesional" que parezca muy "oficial" y diré que soy una experta en distancias. "Entonces", dice Jakob, "eso es una falsificación".
Entonces concluíamos que hay que tener cuidado. Que al fin y al cabo, no parece que Internet "sea un experto". Quizás podamos encontrar un experto en Internet, e investigar sus credenciales para ver si nos parece lo suficientemente experto como para contestar a nuestra pregunta. Pero es complicado usar bien Internet.



Independientemente de dónde encontremos a nuestro experto, lo que está claro es que un experto nos podrá contestar a este tipo de pregunta y que si nos fiamos de que es un experto de verdad, nos fiaremos de su respuesta y la daremos por válida. 

En cambio las preguntas filosóficas son distintas en este sentido. Para contestar a las preguntas filosóficas hay que pensar en ellas, reflexionar, muchas veces en grupo, dialogando, apoyándonos cada uno en los argumentos de los otros, rebatiendo también nuestros argumentos para tratar de llegar a la respuesta que mejor se tenga en pie. Se trata de construir una respuesta entre todos. Quizás yo dé una respuesta y Tomás me diga: "tu respuesta no está mal, pero yo puedo completarla". Y entonces Matías nos puede decir que mi respuesta no está mal, que la de Tomás tampoco, pero que a él se le ocurre otra forma más de completarla. Pero luego puede llegar Amelia y decir: "a mí se me ocurre un ejemplo que demuestra que toda vuestra idea no funciona, no se tiene en pie". Y la tira. Y otra vez a empezar. Y entonces Nicolás empieza con otra idea... y así es un poco la filosofía: intentar entre todos, encontrar la mejor respuesta. Normalmente son preguntas en las que hace falta pensar juntos. 

También son preguntas grandes. No son preguntas pequeñas, concretas, como "¿de qué color son estos zapatos?", "¿Está mal que yo haga esto ahora mismo?" sino "¿Qué está mal en todos los casos?". A la filosofía le interesa las preguntas generales. A veces usa las preguntas concretas para luego hacerse una pregunta general relacionada, pero le interesa especialmente la general. 

Otra cosa que tienen de especial las preguntas filosóficas es que suelen tener varias respuestas posibles. 


Entonces nos hemos dispuesto a pensar en el tema de hoy: la crueldad. Nos hemos propuesto intentar entre todos, pensar en las mejores respuestas posibles a las preguntas que vayan surgiendo. 

El libro/juego del día se llama Mundo cruel (Traje de lobo 2014) y pertenece a la serie Wonder Ponder de Filosofía visual para niños escrito por mí e ilustrado por Daniela Martagón. 


Hemos repartido una caja entre cada cuatro participantes y hemos empezado a sacar de dentro de la caja unas tarjetas con escenas ilustradas por un lado y muchas preguntas interesantes por el otro lado. 

Jakob ha sido el encargado de sacar la primera escena de la caja. 

En ella vemos a una niña matando una hormiga con la punta de un lápiz. También aparecen otras hormigas transportando el cadáver de algún otro bicho, quizás un escarabajo. ¿Matar hormigas es cruel? 




Luego le tocó a Jesús Rafael sacar la siguiente escena, en la que una familia está sentada a la mesa, a punto de zamparse una sopa de gato. "¿Sopa de gatooooo? ¡Puaaaaj!", dice la niña. ¿Hay alguna diferencia entre comer pollo y comer gato? 



Tomás fue el encargado de sacar la sigueinte escena de la caja, en la que vemos un zoo alienígena con animales ¡y un niño! en una jaula. ¿Cómo le explicarías al alienígena que es cruel tener a un niño en una jaula? 



Siguiente tarjeta: Matías. En su escena, aparece un padre obligando a un niño a bañarse. ¿Es cruel obligar a alguien a hacer algo que no quiere hacer?



Y en la última tarjeta antes de pasar a dibujar nuestras propias escenas de crueldad, vemos a una niña mordiéndose a si misma. ¿Es posible ser cruel con uno mismo?


En la caja del libro/juego Mundo cruel (Traje de lobo, 2014) de la serie Wonder Ponder de Filosofía visual para niños vienen muchas más escenas (son 14 en total) que nos ayudan a jugar pensando y a pensar jugando en la crueldad y a ir formando nuestra propia definición de crueldad. Y también vienen varias tarjetas para crear nuestras propias escenas de crueldad y así "completar" el mapa de crueldad que contiene la caja.

Y eso hemos hecho al final de la sesión: hacer nuestras propias escenas, que subiré a este blog en los próximos días (¡en cuanto arregle el escáner!).

Con muchas ganas de que llegue mañana y nos veamos para nuestra tercera sesión de Filosofía de cuento. ¿Cuál es la diferencia entre causa y coincidencia? ¿Por qué sentimos miedo de un personaje de una película si sabemos que no es real? ¡Y mucho más! Hasta mañana.

jueves, 19 de febrero de 2015

Oliver Sacks, David Hume y el sentido de la vida

Este blog lo suelo reservar para lo que es: narrar sesiones de filosofía con niños a partir de álbumes ilustrados (y últimamente otro tipo de estímulo también). Sin embargo hoy he querido hacer una excepción. Oliver Sacks descubrió hace unas semanas que tiene cáncer terminal y nos regala en bandeja el sentido de la vida (con un poco de ayuda de su amigo David Hume). 

Comparto la traducción al castellano del artículo de Oliver Sacks aparecido en the New York Times. Que lo disfruten.  

Ilustración de Hanna Barczyk
[The New York Times. Oliver Sacks. 19 de febrero de 2015)].

Mi propia vida
Oliver Sacks tras descubrir que tiene cáncer terminal

Hace un mes, me sentía bien de salud, fuerte incluso. A los 81 años, sigo nadando todos los días una milla. Pero se me ha acabado la suerte: hace unas semanas supe que tengo metástasis múltiple hepática. Hace nueve años me detectaron un tumor ocular poco habitual, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el láser para eliminar el tumor acabaron dejándome ciego de ese ojo, son muy pocos los casos en los que este tipo de tumor desarrolla metástasis. Yo formo parte del desafortunado 2 por cierto.


Me siento agradecido por haber podido disfrutar de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ahora me enfrento a la muerte. El cáncer ocupa un tercio de mi hígado y aunque su avance puede ralentizarse, este tipo concreto de cáncer no puede detenerse.

Me corresponde a mí decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivir de la manera más rica, profunda y productiva que pueda. En esta empresa, me reconfortan las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, quien, al descubrir que padecía una enfermedad mortal a la edad de los 65 años, escribió una breve autobiografía en un solo día de abril de 1776. La tituló “Mi propia vida”.

“Cuento con que el desenlace será rápido …. No he sentido hasta ahora mucho dolor, y, lo que resulta más raro, a pesar de mi enorme declive, nunca ha decaído mi ánimo. Poseo la misma pasión de siempre hacia el estudio y el mismo regocijo hacia la compañía de mis amistades.”

Yo he tenido la suerte de sobrepasar los 80 años, y los 15 años que se me han concedido más allá de los 65 de Hume han estado repletos en la misma medida de trabajo y de amor. En ese tiempo, he publicado cinco libros y he completado una autobiografía (bastante más larga que las pocas páginas de la de Hume) que se publicará esta primavera; tengo varios otros libros casi acabados.

Hume continuaba: “Soy … un hombre de disposición afable, dueño de su temperamento, de una manera de ser abierta, sociable y alegre, con capacidad de cariño, poco susceptible de enemistad y de una gran moderación en todas sus pasiones”.

Aquí no coincido con Hume. Aunque he disfrutado de relaciones de amor y amistades y no tengo ninguna enemistad propiamente dicha, no puedo decir (ni lo diría ninguna persona que me conozca) que sea un hombre de pasiones moderadas. Al contrario, soy un hombre de pasión vehemente, con entusiasmos violentos y una inmoderación extrema en todas mis pasiones.

Y sin embargo, una de las frases del ensayo de Hume me resulta especialmente cierta: “Es difícil”, escribió, “estar más desprendido de la vida de lo que yo lo estoy al presente”.

En los últimos días, he podido ver mi vida como si la observara desde una gran altitud, como una especie de paisaje, con una sensación cada vez más profunda de la conexión de todas sus partes. Esto no quiere decir que haya acabado con la vida.

Al contrario, me siento intensamente vivo y quiero y espero que en el tiempo que me queda pueda fortalecer mis amistades, despedirme de mis seres queridos, escribir más, viajar si tengo fuerzas, y alcanzar nuevos niveles de comprensión y entendimiento.

Esto requerirá audacia, claridad y hablar claro; tratando de aclarar mis cuentas con el mundo. Pero habrá tiempo también para la diversión e incluso para las tonterías, también.

Siento una repentina claridad de enfoque y perspectiva. No hay tiempo para nada que no sea esencial. Debo centrarme en mí mismo, en mi trabajo y en mis amigos. Ya no veré “NewsHour” todas las noches. Ya no prestaré atención a la política ni a las discusiones sobre el calentamiento global.

No se trata de indiferencia sino de desprendimiento: sigue importándome profundamente Oriente Medio, el calentamiento global, la creciente desigualdad, pero estas cuestiones ya no me conciernen a mí; pertenecen al futuro. Me llena de alegría conocer a jóvenes con talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Siento que el futuro está en buenas manos.

Desde hace unos 10 años, he sido cada vez más consciente de las muertes de mis contemporáneos. Mi generación se marcha y he sentido cada muerte como una abrupción, como si se me arrancara parte de mí. No habrá nadie como nosotros cuando ya no estemos, pero lo cierto es que no hay nadie que sea como nadie más, nunca. Cuando la gente muere, no se les puede reemplazar. Dejan agujeros que no se pueden llenar, porque es el destino – el destino genético y neuronal- de todo ser humano ser un individuo único, encontrar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.

No puedo decir que no tenga miedo. Pero el sentimiento que predomina es un sentimiento de gratitud. He amado y me han amado; me han dado mucho y he dado algo a cambio; he leído, he viajado, he pensado y he escrito. Me he relacionado con el mundo, la relación especial entre escritores y lectores.

Por encima de todo, he sido un ser sintiente, un animal pensante, en este hermoso planeta, y eso en sí mismo ha sido un enorme privilegio y una aventura.

Oliver Sacks, profesor de neurología en la New York University School of Medicine, es autor de muchos libros, entre ellos Despertares y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.


[Esto es una traducción del artículo aparecido en The New York Times el 19 de febrero de 2015. Traducción de Ellen Duthie.] 

lunes, 16 de febrero de 2015

Realidad, imaginación y sueño. Primera sesión. Filosofía de cuento en La Central de Callao. Febrero 2015

Algunos sueños, como el de Alicia en el País de las Maravillas,
de Lewis Carroll, son especialmente raros, pero tan complejos
 y elaborados que cuesta creer que no estén ocurriendo de verdad. 
El pasado sábado 14 de febrero arrancamos la segunda edición de los talleres de Filosofía de cuento en la librería La Central de Callao, con un grupo de 7 a 11 años.

Fue un placer conocer a los asistentes y volver a dar la bienvenida a algunas caras conocidas también. Considerando que se trataba de un primer encuentro, en el que muchos no sabíamos muy bien a qué veníamos, la participación fue estupenda y se dijeron unas cosas realmente muy interesantes. 

¡Enhorabuena a todos los filósofos asistentes! 





Aquí va un resumen, con extractos de audio, de la primera sesión.

Participantes (sentados en círculo, partiendo de mi izquierda):
Jesús Rafael
Clara
Inés
Tomás
Nico
Celia
Matías
Nicolás
Jakob
Elena
Alejandra
y yo (Ellen)

Una de las participantes en el taller, Amelia, no pudo venir este sábado, pero el siguiente sí que estará y mientras tanto, se puede ir poniendo al día leyendo lo que hicimos.  

Para presentarnos dijimos nuestros nombres, nuestra edad y, como el tema de la sesión tenía que ver con realidad/sueño/imaginación, invitamos a cada uno a que contara el sueño más raro que hubiera tenido. 

Jesús Rafael fue el primero en presentarse. Nos dijo su nombre, su edad (7 años), y mencionó también qué día cumplía años. No se acordaba de ningún sueño raro en concreto, así que pasamos a Clara, que nos contó que tenía 8 años, dijo su fecha de cumpleaños, y resulta que tampoco se acordaba de ningún sueño raro. Inés también tiene 8 años, y tampoco se acordaba de ningún sueño raro. Pasamos a Tomás, de 7 años, y sin sueños de los que se acordara en ese momento. Nico tiene también 7 y no se acordaba de ningún sueño. Matías tiene 7 años y Nicolás también, y ninguno se acuerda tampoco de ningún sueño. Jakob tiene 9, Elena 11 y Alejandra 6, casi 7, y a ninguno le venía a la mente ningún sueño. Entonces me presenté yo, Ellen. Tengo 40 años, cumplo el 21 de marzo y ¡yo sí que me acordaba de un sueño raro! Raro y recurrente (lo he soñado más de una vez). 


En el sueño voy a un concierto de piano, pero cuando llego resulta que el pianista está indispuesto y me piden a mí que ocupe su lugar. Yo nunca he tocado el piano en mi vida (ni en el sueño, ni en la vida real) y claro, me pongo a hiperventilar y a sudar. [Aquí Jakob me pregunta si cuando salgo al escenario me ataca un tipo con máscara, pero le digo que no. No me ataca nadie pero lo paso fatal]. Miro por el telón del escenario y veo a todo el público esperando a que aparezca un gran pianista a deleitarles. Empiezo a sentir una ansiedad agobiante, se convierte en pesadilla. Es horrible. 


Alguien me empuja para que salga al escenario y salgo y me siento temblorosa al piano. Y entonces mis manos empiezan a tocar. ¡Y tocan tan bien! De repente lo que era una pesadilla se convierte en un sueño delicioso, de disfrute absoluto. Y me suelo despertar con una sonrisa. 

A raíz de este relato de mi sueño, nos preguntamos cómo sabemos cuando algo es sueño y cuando algo es realidad. ¿Alguna vez nos ha ocurrido que nos ha costado distinguir una cosa de otra? 
Elena nos ha contado que una vez soñó que tenía una Nintendo y por la mañana le preguntó a su madre que dónde estaba su Nintendo. Pero había sido un sueño. 

Entonces nos hemos animado unos cuantos más a contar algunos sueños nuestros. Matías ha contado uno donde salía un indio, un autobús, campanas. ¿Cómo sabemos que es un sueño? Matías ha dicho que en ese momento no lo sabía. ¿Pero ahora? Ahora sí lo sabe porque cuando se despertó estaba en su casa. Cuando se despertó, sus ojos le informaron de que eso no había pasado. Había sido un sueño. 

Inés nos contó también un sueño muy curioso, en el que tenía diez vidas. En el sueño se caía siempre al contenedor de la basura e iba perdiendo vidas. ¡Menos mal que se despertó antes de perder todas las vidas!

Podéis escuchar lo que dijimos aquí:  



Después de compartir algunos de nuestros sueños más extraños, quisimos pasar a ver un poco qué idea teníamos sobre la filosofía. Preguntamos primero qué creíamos que veníamos a hacer al taller. Jakob dijo que pensaba que era para estudiar cuentos. Matías dijo que veníamos para saber cuándo estábamos en un sueño y cuándo no. Esa es efectivamente una de las cosas de las que se hablarán en el taller. ¿Qué más? Para aprender. ¿Para aprender qué tipo de cosa? Tomas dijo que él pensaba que era "para aprender para pensar". Puede que él lleve ventaja, porque ya estuvo en el taller del año pasado. Pero va muy bien encaminado. Estábamos en un taller de "Filosofía de cuento". ¿Qué pensamos que es la filosofía? Celia propuso que la filosofía era pensar sobre algo que hace otra persona para entenderla. Eso puede ser parte de lo que es la filosofía. Desde luego que "pensar para entender" es uno de los propósitos principales de la filosofía. Hemos preguntado si alguien tiene un ejemplo de una pregunta filosófica. "¿Cómo es algo?" ha preguntado Inés. 

Entonces Matías ha dicho que él piensa que él ya ha hecho este taller. Efectivamente, luego he comprobado que Matías vino el primer día a un taller que hice en la Comunidad de Madrid, en la Sala Alcalá 31 de octubre a diciembre. Un taller al que también asistió Nico. Aquel fue un taller algo distinto, pero parecido, especialmente en el inicio, efectivamente. 

Pero seguimos con tratar de aclarar qué idea tenemos sobre qué es la filosofía. Al principio yo me había presentado como Ellen, había dicho mi edad... Entonces Celia ha levantado la mano y ha propuesto que una pregunta filosófica podría ser "¿Quién es... Ellen? o algo con "quién"? Seguimos probando. Matías ha propuesto que otra pregunta filosófica podría ser "¿qué te gusta?". Para ayudarnos un poco, hemos preguntado que si yo soy filósofa, qué piensan que me paso el día haciendo.  "Pensar sobre cosas raras". "Investigar". "Quedarte todo el día en el sofá viendo la tele". (Eso no forma parte de mi trabajo, he aclarado, aunque los filósofos también podemos ver la tele si queremos). "Escriben." "Escribir cuentos". "Escribir cosas que te han pasado". Más que escribir, necesariamente, sobre cosas que nos han pasado, pensamos. Pensamos en el mundo, en por qué pasan algunas cosas, y piensan en preguntas de un cierto tipo. "¿Cómo Edison y la bombilla?", ha preguntado Matías. No exactamente. ¿Edison era filósofo o era otra cosa? Inventor, se ha dicho. Era científico. 

¿Qué diferencia hay entre un filósofo y un científico? Alguien dijo que los científicos investigan y los filósofos escriben cuentos. Pero no todos los filósofos escriben cuentos. Tomás piensa que la diferencia es que los filósofos piensan y los científicos investigan. Pero los filósofos también investigan a veces. ¡Qué lío! 



Para aclararnos un poco, tras lanzar estas ideas previas que teníamos sobre la filosofía, hemos sacado una lata llena de preguntas. Algunas eran filosóficas, otras más científicas, y otras ni una cosa ni la otra, incluida alguna tontería. La idea era ir dando ejemplos del tipo de pregunta de la que se ocupa la filosofía para ir intuyendo cuáles podrían ser preguntas filosóficas, y cuáles no tanto.

Con cada pregunta, la idea era tratar de dar una primera contestación posible y tantearla muy por encima entre todos, principalmente para decidir si era una pregunta filosófica o no.

La primera pregunta la sacó de la lata Jesús Rafael: ¿Cómo decidimos si algo es bonito o si algo es feo? ¿Nos parece una pregunta filosófica? Aquí había algunas dudas. Algunas pensaban que simplemente era una cuestión de gustos. ¿Pero hay cosas que todos estamos de acuerdo en que son "feas"? Alguien señaló un cartel donde aparecían cuatro personajes dibujados que a casi todos los presentes, menos alguno, les parecieron feos. ¿Qué les hace feos? Elena dijo que ella pensaba que tenía algo que ver con que nos resultaban diferentes. Lo diferente puede resultar extraño y lo extraño, feo.

A Matías no le parece feo, le parece guay. A él le parece feo decir palabrotas porque es de mala educación. Y le parece feo tener mala educación porque no respetas a la gente, no vas a tener amigos y no vas a ser rico. Inés ha dicho que comparte el punto de vista de Elena. Los personajes del póster nos parecen feos porque se ven extraños. La pregunta sí que es filosófica. Una de las partes de la filosofía es la estética y se ocupa precisamente de la belleza, del arte y del gusto y de nuestra relación con esas cosas. ¿Es feo el sillón de la foto?



La segunda pregunta la sacó de la lata Inés. ¿Está siempre mal mentir o a veces es necesario? ¿Nos parece filosófica? Hemos asentido con la cabeza.  Tratando de contestar a la pregunta, Inés ha dicho que no le parece que esté siempre mal mentir. ¿Se nos ocurría algún ejemplo? Cuando quieres cubrir a alguien, por ejemplo. Matías ha puesto otro ejemplo: en un restaurante no te vas a atrever a decir, por ejemplo "estos macarrones están asquerosos". Debes mentir un poco y decir "mmm, buenísimos". Mentir para no herir los sentimientos del cocinero es aceptable, hemos estado de acuerdo. Ines ha dicho que ella dice que está muy rico pero está muy llena. Quizás haya una diferencia entre "mentir" y "ser diplomáticos"...

Entonces Jakob ha dicho que tiene que ir al baño. Matías ha sugerido que quizás esté mintiendo, pero no, no era el caso. Otra de las cosas en las que piensan mucho los filósofos es en el comportamiento humano y en cómo decidimos qué está bien y qué no está tan bien.



A Tomás le tocó la pregunta: ¿Qué tiene que tener un buen amigo o una buena amiga?
Esta pregunta también es filosófica. ¿Cómo definimos la amistad? ¿Cabe la mentira en la amistad? ¿Hasta dónde podemos perdonar a un amigo? ¿Está bien vengarse si una amiga te traiciona? Escucha un extracto de lo que dijimos aquí:


La pregunta que sacó Nico fue: "Si no te lavas la cara durante un mes, ¿es verdad que se te cae la nariz? Estábamos de acuerdo en que esta pregunta no era nada filosófica, aunque me pregunto, si fuera verdad, si se coleccionarían las narices perdidas en una "nasoteca" como ésta de narices de estatua en el museo danés Ny Carlsberg Glyptotek en Copenhague.



La siguiente pregunta le tocó a Celia. ¿Cómo podemos saber que nuestro mejor amigo no es en realidad un robot? Aquí fueron muchas las ideas. Imaginamos que un científico hubiera inventado un robot perfecto, igual que una persona. Con una piel indistinguible de la humana. Que se riera, que llorara. Un poco como el robot que aparece en la imagen, desarrollado por Hiroshi Ishiguro en la universidad de Osaka. ¿Cuál es el robot y cuál la persona? Hablamos de tornillos, de piel, de sentimientos, de mocos y del efecto del agua sobre los mecanismos del robot. Observamos que los robots no nacen, sino que se crean. Hicimos un experimento y propusimos que yo era un robot. Los participantes dieron argumentos para desmontar esta idea de que yo pudiera ser un robot. Podéis escucharlas todas aquí:


¿Es filosófica la pregunta sobre el amigo robot? Podéis escuchar como se estuvo de acuerdo en que sí. La filosofía hace muchas preguntas sobre la mente y sobre las personas. ¿Qué es una persona? ¿Es un cerebro? ¿O es algo más? Preguntamos qué me tendrían que quitar a mí para que dejara de ser "Ellen". ¿Un brazo? Seguiría siendo Ellen. ¿Dos brazos? ¿Las dos piernas? La vida, sugirió Elena. El corazón dijo alguien más. El hígado dijo otra persona.


Matías cogió la siguiente pregunta de la lata: ¿Quién debe mandar y por qué? Matías piensa que deben mandar los padres porque saben más. Pero Tomás no está muy de acuerdo con Matías y piensa que deben mandar los niños. Elena piensa que si mandaran los niños, podrían tomarse unas decisiones algo extrañas. La pregunta sí nos pareció filosófica. Otro grupo de preguntas que interesa a los filósofos tienen que ver con quién tiene derecho a mandar sobre otras personas y qué sistema de organización de la sociedad es mejor.


La pregunta de Nicolás: ¿Por qué a veces nos huelen los calcetines? no nos pareció demasiado filosófica, pero algo tuvimos que decir al respecto:


La pregunta que sacó Elena, bastante más: ¿Nuestros ojos siempre nos dicen la verdad? Elena piensa que nos pueden engañar. "Te enseñan lo que ves, pero a veces en el cole vemos unos dibujos donde una línea parece más larga que la otra pero en realidad son iguales". Este es un ejemplo del tipo de ilusión óptica al que se refería Elena:

Matías dio otro ejemplo: el horizonte, que parece que se acaba pero en realidad sigue.

A Nicolás se le ocurrió otro: cuando una cosa da vueltas, a veces parece que está parado, pero realidad gira.

Nico ha mencionado también los espejismos del desierto.

Luego hemos hablado de la visión de los perros y de la visión de los humanos. Vemos los colores distintos. Entonces, ¿cuál de las dos visiones ve "mejor" la realidad"? Nos ha parecido que lo que vemos nosotros es más "verdad" que lo que ven los perros. En la opinión de Elena, la forma de ver de los humanos, es una forma de ver. Como vemos así, elegimos la ropa de la forma en que la elegimos. Por ejemplo, pensamos que ciertos colores van mejor con estos colores que con aquellos. Pero podría venir un alien, que viera completamente diferente y nos diría "cómo te puedes poner eso, si se ve fatal". También mencionamos la visión de las abejas y la de las moscas. ¿Qué es la "verdad"? ¿Lo que ven las moscas, lo que ven los perros o lo que vemos nosotros? Elena ha dicho algo muy interesante: "para nosotros, lo que vemos nosotros". ¿Estamos diciendo entonces que la realidad depende de la criatura que la vea? No es algo que sea "así", sino que depende de quien lo ve. Podría venir un alien y decirnos: "¿que solo veis estos colores? ¿un arco iris de solo siete colores? pero bueno, nosotros vemos 24 distintos, que realidad tan sosa y tan pobre es la que veis vosotros". ¿Ve el alien la realidad mejor que nosotros? Quizás ve más que nosotros, dice Jakob.

Entonces Celia ha mencionado que a veces se puede soñar algo que te puede suceder en la vida real. Hemos preguntado quién está de acuerdo. Muchos lo estábamos. Luego al explicarlo, más que a ver visiones en sueños, parece que nos referíamos a lo que llamamos un "déjà vu", que significa en francés "ya visto". Inés lo ha explicado como una sensación en la que pensamos que ya hemos vivido un momento. Elena también había tenido una experiencia parecida y casi todos los demás también. Lo cierto es que éste es un fenómeno que ha sido muy estudiado por la neurociencia (la ciencia del cerebro) y, aunque hay algunas teorías distintas, las que más parecen convencer los neurocientíficos es que es fruto de una especie de "error" del cerebro, por el que se piensa que se está recordando algo que pasó hace tiempo, pero en realidad estás recordando lo que viste hace unas milésimas de segundo. Aquí, el filósofo se pregunta: si mi cerebro me engaña en estos casos, ¿cómo sé que no me engaña siempre? Podéis escucharnos aquí:



Por último, la pregunta que sacó Alejandra fue: ¿Cómo se llama tu calle? Nada filosófica, pero aún así, nos lanzamos a decir la calle donde vivíamos y algunos vivimos en calles con nombres verdaderamente bonitos.


Después de ver algunas preguntas filosóficas y otras no tanto, pasamos a leer el cuento de la sesión: Harold y el lápiz morado de Crockett Johnson.



Cuando acabamos el cuento, hablamos sobre Harold y su mundo, y sobre la posibilidad de que nosotros mismos fuéramos personajes de un cuento de algún escritor.
Jakob ha dicho que el cuento trata de un niño y un lápiz mágico. ¿Es un niño de verdad? No, es un niño de cuento. ¿Lo que cuenta el cuento es la realidad? No, no es real, ha dicho Elena, porque yo no cojo un lápiz y pinto un bizcocho y me lo como. Lo pintaría en un papel pero no me lo podría comer. Me gustaría, eso sí.

Hemos preguntado a quién le gustaría tener un lápiz como el de Harold. Unánimemente, a todos nos gustaría. ¿Harold está soñando? Matías cree que no, porque no pone nada de que está en su cama. Cuando se sueña normalmente estamos en la cama. Inés piensa que no puede ser verdad lo que está pasando. Celia opina lo mismo. Pero Nicolás interviene y dice "¡Pero es un cuento!". Le preguntamos qué quiere decir: "que puede pasar todo lo que quiere el escritor".

Entonces hemos preguntado si sería posible que nosotros fuéramos personajes de un cuento. Al principio nos ha parecido que sí. Si a un escritor o escritora le interesaramos lo suficiente como para incluirnos en sus libros, pues sí. Pero no era esa la pregunta. ¿Sería posible que ahora mismo nosotros fuéramos personajes de un cuento que estuviéramos hablando y diciendo lo que decimos porque el escritor está decidiendo que yo diga esto?  Jakob piensa que no. Pero otros han dicho que sí podría ser posible que fuéramos un personaje de un cuento. O a lo mejor estamos en un sueño, ha sugerido Matías. Hemos preguntado quién, de verdad de verdad piensa que es posible que nosotros formemos parte del sueño de alguien. Que hay alguien en su cama soñando con nosotros y que nosotros no somos más que eso: personas en el sueño de otra persona. Matías ha dicho que podría ser. Elena ha dicho preocupada que en ese caso desea que el soñador no se despierte. Clara piensa que podría ser y Tomás también ¿Nos gustaría? Tomás dice que por qué no. Celia también piensa que podría ser que fuéramos producto del sueño de otra persona.

Pero, volviendo a la idea de Elena. ¿Qué pasaría si se despertara? Que no existiríamos, a menos soñara otra vez con nosotros, pero no parece muy probable. Matías ha dicho que también podría ser que el que está en la cama está soñando a otro que está en la cama, que está soñando a otro que está en la cama, y sigue sigue sigue. Nico ha dicho que es como cuando se ve un señor que ve la tele que ve un señor que ve la tele que ve otro señor que ve la tele... Antes, Inés se había pellizcado para demostrar que esto no era un sueño. Pero puede ser que esté soñando que se está pellizcando. Pero

Inés ha añadido otra observación: ella siempre sueña en blanco y negro, así que esto no puede ser un sueño. Hemos preguntado si todos soñamos en blanco y negro y bastantes han estado de acuerdo. (Yo confieso que creo que sueño en color, pero es un poco parecido a la pregunta de en qué idioma sueño -en inglés o en español-. Me cuesta decirlo. A veces creo que sueño simplemente en "lenguaje", sin importar el idioma). Otra idea para rebatir la propuesta de que esto pudiera ser un sueño es que todo parece demasiado normal. Aún pensando esto, Matías sigue pensando que podría ser un sueño. Inés también piensa que en los sueños la gente no se mueve tanto. Nico ha mencionado que los sonámbulos sí que se mueven cuando sueñan. Nicolás ha contado que él no hace movimiento pero que a veces se sienta en la cama estando dormido. "Estoy durmiendo pero hago otra cosa". Y nos pusimos todos a contar pequeñas historias de sonambulismo.





Antes de pasar a la última actividad, donde jugamos a ser Harold y dibujamos lo que quisimos con nuestro lápiz mágico, leímos también Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak: 

Y hablamos un poco de la diferencia entre un cuento y un sueño:




Y por fin, pasamos a la última parte del taller, en la que los participantes jugaron a ser Harold, cogieron un lápiz de un color, imaginaron que se les soltaba en un mundo donde no había nada excepto ellos mismos y su lápiz crea-mundos y se pusieron a crear su mundo particular. 

En los próximos días subiremos los fantásticos dibujos que hicieron, con breves explicaciones. 

El próximo sábado hablaremos y nos preguntaremos sobre la crueldad, y para ellos miraremos y leeremos las escenas del libro/juego Mundo cruel de Wonder Ponder, un proyecto de Filosofía visual para niños de la que soy autora, junto a la ilustradora Daniela Martagón. (Si tenemos suerte, la ilustradora podrá compartir esta sesión con nosotros).   

En esta segunda sesión, trataremos de profundizar más en cada pregunta y de establecer un diálogo algo más estructurado. 

El objetivo general de la sesión de hoy era conocernos un poquito, soltarnos y coger un poco de confianza e ir adquiriendo la idea del tipo de cosa de la que vamos a hablar en esta serie de talleres. Yo diría que en ese sentido funcionó muy bien. 

Os dejo con el ataque de risa que le entró a algunos en un momento en el que me ausenté para acompañar a uno de los participantes al baño. Yo me ausenté, pero la grabadora siguió grabando, y este fue el resultado: 


¡Nos vemos el sábado 21!

jueves, 5 de febrero de 2015

Curso intensivo de Filosofía de cuento para maestros, bibliotecarios y curiosos

Filosofía de cuento
Introducción al diálogo filosófico con niños
a partir de la literatura infantil

Curso intensivo de fin de semana para maestros, bibliotecarios y curiosos

Harold y el lápiz morado, de Crockett Johnson. (Miau, Jaguar). 


Los próximos 14 y 15 de marzo, impartiré en la librería El Bosque de la Maga Colibrí en Gijón, un taller intensivo de fin de semana sobre la práctica de filosofía con niños en contextos educativos formales o informales, utilizando la palabra y la imagen como puntos de partida y elementos de juego.

DESCRIPCIÓN:
Este taller es una introducción a la práctica de la filosofía con niños, que combina contenidos teóricos y prácticos, dirigido a maestros, bibliotecarios, mediadores y otros curiosos interesados en iniciarse en esta práctica o simplemente en incorporar elementos del diálogo filosófico en distintas actividades o niveles de enseñanza para edades de infantil y primaria.  

A partir de lecturas de álbumes, escuchas de diálogos filosóficos entre niños y diálogos entre los asistentes, se trata de dar pautas y herramientas básicas y de reflexionar sobre cómo es posible llevar el diálogo filosófico al aula, a la biblioteca y al hogar. 

La práctica de la filosofía en las aulas suscita la reflexión crítica y autocrítica, desarrolla la expresión oral, ejercita el respeto a las opiniones ajenas y la sana práctica de cambiar de opinión, entrena la capacidad de escucha (tanto en los niños como en los adultos) y flexiona la empatía. Además de desarrollar la capacidad de razonamiento lógico, analógico e hipotético, e introducir el uso de recursos de argumentación formal, la filosofía ayuda a los niños a sentirse libres de opinar, de contar y de reflexionar, sin juicios y sin miedo a equivocarse, dotándoles de poder y dándoles permiso para construir mundos imaginados.

Mediante la construcción de mundos imaginados, la filosofía también explota las posibilidades de la fantasía “estructurada”. La filosofía permite imaginar mundos paralelos nunca antes imaginados, todo lo disparatados que queramos, pero nos exige coherencia dentro de ese mundo.

En este taller exploraremos y practicaremos las variadas e interesantes posibilidades que ofrece esta combinación entre creatividad y rigor que es una característica única del pensamiento filosófico.

CONTENIDO DEL TALLER:

  • Filosofía con niños: ¿por qué y para qué? La inevitabilidad de la filosofía y las ventajas directas e indirectas de la práctica filosófica con niños.
  • Introducción al concepto, a la historia y a la práctica de la filosofía con niños.
  • Principios básicos para la conducción de diálogos filosóficos entre niños o con niños y reglas básicas para conducir sesiones o simplemente incorporar dinámicas en el aula o en el hogar. El papel del conductor.
  • El grupo como comunidad de indagación. ¿Cómo se consigue formar una comunidad de indagación?  El modelo de cooperación y de construcción de significado conjuntamente frente al modelo de transmisión de conocimientos.
  • La escucha en la filosofía con niños.
  • Cómo fomentar y dar protagonismo a la pregunta como punto de partida, pero también como punto de destino en contextos educativos formales y no formales.   
  • Pensamiento creativo. La fantasía filosófica como vuelo anclado en la coherencia interna.
  • Cuestionamiento de la realidad y las verdades “dadas” frente a transmisión de valores. Cómo diferenciar material para “transmisión de valores” frente a material para diálogo filosófico.
  • Pautas para seleccionar buenos álbumes (y otros estímulos) para el diálogo filosófico.  Cómo diferenciar un buen estímulo de uno pobre.
  • Lectura de álbumes ilustrados especialmente seleccionados por su calidad literaria y por su potencial para la práctica de “filosofía con niños” y posterior diálogo, con “prácticas” (con el grupo) en el que nos turnaremos en el rol de “conductores” de los diálogos filosóficos suscitados por los libros que leamos, con posterior análisis y evaluación del rol del “conductor”.
  • Bibliografía teórica y práctica.

QUIÉN LO IMPARTE:
El taller/curso será impartido por Ellen Duthie (Cádiz, 1974). Nacida en España, pero de nacionalidad británica, Ellen es Licenciada y Máster por la Universidad de Edimburgo (Reino Unido).

Escritora, docente, bloguera y traductora, sus intereses se centran en la literatura infantil y en la filosofía para niños. Lleva más de diez años desarrollando material para estimular  el diálogo con  niños y entre niños sobre grandes preguntas filosóficas a partir de la literatura infantil y de estímulos visuales.

Es creadora y autora del concepto y de los textos de la serie Wonder Ponder, de Filosofía Visual para Niños, editada por Traje de Lobo. Además, imparte cursos y talleres de lectura de literatura infantil y filosofía para niños (Filosofía a la de tres, con niños de preescolar y Filosofía de cuento, con niños de primaria). Es miembro de PLATO  (Philosophy Learning and Teaching Organization).

Asimismo es traductora de, entre otras cosas, Maurice Sendak (su traducción del hasta ahora inédito Outside Over There saldrá en Kalandraka esta primavera con el título Al otro lado) y es autora del blog bilingüe Lo leemos así (We Read it Like This) con reseñas de álbumes ilustrados centradas en la experiencia de la lectura en voz alta.

Nombre del taller: Filosofía de cuento
Fecha: 14/03/2015 (10:00-14:00 horas y 16:00 a 20:00 horas) y 15/03/2014 (10:00-14:00 horas).
Duración: 12 horas, divididas en tres sesiones de 4 horas.
Lugar: Librería El Bosque de La Maga Colibrí. Calle Rufo Rendueles. 33203 Gijón – Asturias.
Teléfono: 984 19 24 41. 
Precio: 100 €.   
Plazas: 20 max.