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sábado, 4 de enero de 2014

El misterioso caso del calcetín remendado

¿Qué hacéis vosotros con los calcetines con agujeros? 
¿Alguien tiene, como yo, un par de calcetines favorito, al que le tenga especial aprecio? Un par de calcetines que, aunque le salgan agujeros por todas partes, nos resistimos a tirar a la basura porque le tenemos demasiado cariño. Quizás no sea en vuestro caso un calcetín; quizás sea una camiseta, unos pantalones, lo que sea. 

Puede que nos guste especialmente el color o el diseño, que nos resulten especialmente cómodos o que nos recuerden a la persona especial que nos lo regaló. En mi caso, me pierden los calcetines de rayas. 
¡Rayas, rayas y más rayas!
El caso es que, incluso en esta era de ropa barata fabricada por pobres del tercer mundo para pobres y no tan pobres del primer mundo, en el que "remendar" es un verbo casi arcaico ya, algunos tenemos alguna prenda que seguimos remendando.

Yo en concreto, tengo un par de calcetines que de vez en cuando, especialmente el del pie derecho, tienen un aspecto bastante parecido al de la foto con la que arranca este post, pero a los que, también de vez en cuando remiendo con cariño y dedicación. 

Tienen quince años, ¡quince! de vida y espero que duren muchos años más. 

Os cuento todo esto porque esta mañana me desperté sudando, angustiada, con una pregunta desconcertante, horrible y pesadillesca. ¿Sigue mi calcetín derecho siendo el mismo calcetín que me compré hace quince años después de tantos remiendos y parches? 

¿Seguía siendo el mismo calcetín cuando le puse el primer parche, hace quizás 12 o 13 años? ¿Y después de ponerle el segundo parche? ¿Y después de ponerle el tercero? Mi angustia ha empezado al darme cuenta de que después de todos estos años, el calcetín es todo parches, ya no existe ni un solo hilo del calcetín original. ¿Sigue siendo mi calcetín favorito o es otro ya? Si es otro, ¿cuándo se convirtió en otro? 
Lo mío es auténtico cariño calcetinil y con eso no se juega. 

¿Y si cogiera un calcetín nuevo hoy y me dedicara a cortarle agujeros y taparlos con parches hasta que no quedara ningún hilo del original? ¿Sería diferente vuestra respuesta? ¿Es distinto si ocurre poco a poco, a lo largo de muchos años, que si ocurre de repente, en un mismo día? 

¿Tiene sentido que le tenga cariño a algo a lo que no le queda ninguna parte de lo que empezó siendo? 





Este es uno de los experimentos filosóficos* que abordaremos en los talleres de Filosofía de cuento en la Librería la Central de Madrid. Se formarán dos grupos (de 5 a 8 años y de 9 a 12 años), son pocas plazas y no sé cuándo organizaremos otro. ¡Corred la voz!

*Podéis leer más sobre las distintas variaciones de este problema filosófico más conocido como "El barco de Teseo", en la sección sobre el "cambio" en este post sobre El camaleón camaleónico de Filosofía de cuento. 

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